Fundamentalmente nos encontramos con aquellos casos en los que nuestro
vendedor tiene un hipoteca con muy buenas condiciones y el comprador tiene
la posibilidad de comprar la vivienda asumiendo su deuda, en lugar de cancelar
y constituir una nueva. O bien cuando es un piso o casa de obra nueva y
nos obligan a subrogarnos (asumir la deuda de la promotora o constructora).
Nuestros asesores estudiaran el caso concreto, viendo la rentabilidad de
nuestro cliente. Pues puede suceder que dichas condiciones se puedan mejorar
o, incluso pareciendo buena esa hipoteca, que tenga ocultas ciertas “trampas”
para, como siempre, que salga beneficiada la entidad bancaria.